Historia
Crónica de la Mar y la Arena: La Historia Narrada de la Cofradía de Pescadores de Valencia

La historia de los pescadores de Valencia es una epopeya que se remonta a la Edad Media, un relato de concesiones reales, autosuficiencia gremial y, en los tiempos modernos, una lucha contra la extinción por el abandono logístico. Su trayectoria es inseparable del Poble Nou del Mar, el vibrante conjunto de barrios que creció de cara al Mediterráneo.
I. Los Cimientos del Privilegio Real y la Autonomía Gremial (Siglos XIII–XVIII)

El origen de la comunidad se consolida en 1249, cuando Jaime I, tras la Reconquista, renombra el caserío musulmán del Grau como Villa Nova Della Mar. Motivados por la defensa territorial ante las posibles invasiones magrebíes, los monarcas impulsaron el asentamiento de pescadores, dando origen al "Barrio de Pescadores". Apenas un año después, en 1250, se estableció el primer vínculo legal-fiscal con la Corona: el quinto del pescado. Este gravamen obligaba a entregar la quinta parte de la captura al Rey, un tributo que, al mismo tiempo, legitimaba su actividad y protegía el recurso bajo la égida real.

El verdadero poder económico del gremio se formalizó en 1454, bajo el reinado de Alfonso V. Mediante un privilegio, el Comú de Pescadors obtuvo el derecho exclusivo para gestionar la comercialización del pescado en la Pescadería de la ciudad, lo que incluía la potestad de "pusiesen tablas, pesos, esteras y cuchillos" y arrendar los sitios de venta. Este monopolio sobre la cadena de valor garantizó la estabilidad y autonomía del gremio durante siglos.
Este blindaje institucional se mantuvo a lo largo de la Edad Moderna. Las antiguas Ordenanzas de 1415 ya habían concedido la importante excepción de que los pescadores no podían ser forzados a ir en embarcaciones y Armadas Reales, salvo si la Real Persona salía en ellas, un privilegio que, aunque discutido con el paso del tiempo, demostraba su vínculo directo con la Corona. Finalmente, en 1789, Carlos IV confirmó los privilegios del gremio, a pesar de que algunos derechos, como el de tomar sal de las Reales Salinas de la Albufera, ya se habían perdido.

II. El Esplendor y la Organización de la Marina Auxiliante (1858–1910)
El siglo XIX marcó el inicio de la auto-organización social. Un hito fundamental fue en 1858, cuando el inmemorial quinto del pescado de Jaime I llegó a su fin. Fue sustituido por una cuota anual fija de 18.400 reales de vellón, que debía ser cubierta a partes iguales por los pescadores. Este cambio supuso un paso crucial hacia la autonomía financiera de la corporación.
La respuesta a la precariedad laboral en el mar llegó en 1874, con la fundación de la Marina Auxiliante (anteriormente Marina Protectora). Esta sociedad se constituyó como un mecanismo de auxilio mutuo que agrupaba a patrones y obreros del Poble Nou del Mar, con el objetivo de difundir la asistencia necesaria ante enfermedades y riesgos marítimos. Aunque posteriormente surgiría otra sociedad, El Progreso Pescador, la Marina Auxiliante dejó un legado material en el barrio.

Este legado se materializó en la Casa dels Bous. En 1877, el Rey Alfonso XII visitó Valencia, y los pescadores recurrieron a él solicitando un nuevo emplazamiento para la casa que albergaba los bueyes, animales esenciales para arrastrar las barcas desde la arena, una técnica conocida como la pesca dels bous. El mensaje directo del Rey a las autoridades locales, permitiendo la edificación en la playa, sirvió como "carta fundacional" de la nueva casa. La construcción se culminó en 1895. El edificio, citado en la obra de Blasco Ibáñez y testigo de la estrecha relación entre la Cofradía y la Casa Real, simbolizó la época dorada de la pesca. Alfonso XIII continuaría esta relación con su visita al Marítimo en 1905 , y su gobierno impulsaría en 1908 la creación de los Pósitos Marítimos, institucionalizando el apoyo social a los trabajadores del mar.
III. El Cenit, la División y el Declive Ecológico (1910–2006)

A lo largo del siglo XX, la pesca valenciana vivió su máximo esplendor, con una flota que llegó a operar con hasta 80 buques de arrastre. El sector se consolidó como el corazón productivo de la ciudad. Sin embargo, este crecimiento fue paralelo a un agotamiento del recurso. La sobrepesca histórica y los efectos del cambio climático contribuyeron a un grave declive de las poblaciones de pescado azul —sardina y anchoa— del Mediterráneo , socavando la rentabilidad de las flotas de cerco y poniendo "en jaque sus pesquerías, muy importantes cultural y económicamente".
En el ámbito institucional, la Cofradía sufrió un cambio irreversible con la llegada de la democracia. En la década de 1980, se produjo la salida de la Marina Auxiliante y la transferencia de sus funciones. El Estado separó las competencias asistenciales, sanitarias y de Seguridad Social, traspasándolas al Instituto Social de la Marina (ISM). A partir de entonces, la Cofradía quedó limitada a ser una corporación de derecho público dedicada exclusivamente a la gestión de la pesca profesional y la comercialización en la Lonja.
IV. El Traslado Forzoso y la Crónica de un Abandono (2007–Actualidad)

El punto de no retorno fue el desarrollo del Puerto de Valencia para albergar la Copa América. La decisión de celebrar el evento en la ciudad provocó una "notable transformación" del ámbito portuario. El corazón histórico de la pesca, la Lonja de Pescado del Cabanyal —un edificio de "marcado estilo modernista valenciano" —, fue desalojada y demolida.
En 2007, la Cofradía fue obligada a trasladarse a unas instalaciones provisionales ubicadas en la zona sur del puerto. Este desplazamiento sacrificó la infraestructura productiva histórica en favor del nuevo frente marítimo. Mientras el emblemático edificio Veles e Vents se erigía como símbolo del lujo y el evento global , la actividad pesquera quedaba relegada a un entorno industrial.

Esta situación se ha convertido en una crisis crónica: más de quince años después, la lonja sigue operando en un entorno provisional, sin que las administraciones (la Autoridad Portuaria de Valencia y el Ayuntamiento) hayan dado una solución definitiva al sector. La provisionalidad se ha visto agravada por la amenaza financiera: la APV ha exigido a la Cofradía el pago de un cánon por el uso de estas instalaciones, una medida que, según el Patrón Mayor, José Manuel Pastor, haría "inviable" el mantenimiento de la actividad.
La flota de arrastre, que fue el motor del "Corazón del Mediterráneo", se ha reducido a solo 6 buques de arrastre y 11 de trasmallo. La lucha actual de la Cofradía se centra en obtener el apoyo institucional necesario para evitar la inviabilidad económica, en un sector que se siente "ahogado por los problemas" y la falta de apoyo, pero que persiste heroicamente en mantener viva una tradición milenaria. Las fuentes actuales confirman que el riesgo reside en la asfixia económica, sin que la entidad haya pasado por un proceso de concurso de acreedores.